Variaciones 95

20 de enero de 1995

    Así, la muerte-cuando es sabia- es la culminación de un proceso. Este proceso es el de la continua disminución del egocentrismo.

    El niño egocéntrico es incapaz de diferenciarse del mundo. Cuando el cierra los ojos, cree que los demás no lo ven.

     El hombre que ha comenzado ya a desmantelar su ego, es capaz de identificarse con la totalidad del mundo. Aunque cierre los ojos, el mundo está ahí. Aunque muera, la llama de la conciencia seguirá encendida.

   Lo que los hindúes llaman Testigo – la negación misma del ego – no es una regresión a la infancia. El Testigo está ya presente en cualquier estadio de la conciencia. En la muerte sabia sólo queda el Testigo. Y el Testigo, precisamente, no nace ni muere.

Variaciones 95, Random House, Barcelona, octubre 2002, página 42.

 

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