Diario de Otoño

Año  1996

12 de enero

Fui a la tele a hablar de eutanasia. ¿Merecía la pena haber ido? Pues no sé, quizá, depende. Juraría que algo de lo que dije, y en el modo en que lo dije, ha sonado a verdadero. Lo cual ya es un punto de partida. Un colocarse en el lugar geométrico de los hombres y mujeres de buena voluntad. Por así decirlo.

El bioético y jesuita Francesc Abel, un hombre honesto y algo colérico, sostiene una postura no muy distante de la mía; al final, lo que nos separa es su temor a los posibles abusos en caso de despenalización de la eutanasia voluntaria. Contraste con la rigidez ideológica de Montse M., del Opus. Me siento especialmente incómodo con esa gente del Opus, con su sonrisa ortopédica y sus aires falsos. En el tema de eutanasia esgrimen argumentos aparentemente secularizados, pero en cuyo origen está un integrismo religioso puro y duro. Y está claro que carecen de la más mínima empatía compasiva hacia los enfermos que sufren. Que sufren sin esperanza. Piensan: Ante todo, los principios. Yo estoy en las antípodas. Al diablo los principios, y disminuyamos el horror del mundo.

Página  9 y 10.

27 de febrero

Levantar acta, sí. Tener duplicados de la vida, dado lo efímero que es todo. El caso es que dispongo de una nutrida colección de fotografías, recortes de prensa, vídeos sacados de mis intervenciones en la tele. Habría que montar, quizá, todo ese material. La vida de uno. Las comedias de uno. Los forcejeos de uno.

Página 22

Gran difusión en los medios del testamento vital que hemos redactado en la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), especialmente para enfermos irreversibles. El País le dedicaba ayer una página entera al tema con grandes titulares, incluyendo unas declaraciones mías y una sugestiva foto. Todo sea por la causa.

Página 28

17 de marzo

Mi matrimonio había naufragado cuando mis nietos vinieron a este mundo. Yo soy ahora supongo, “el abuelo que escribe libros y defiende la eutanasia”.

Página 38

 1 de abril

Juana Teresa Betancor y yo visitamos al conceller de Sanitat, que se llama Eduard Rius, un médico joven con un cierto aire de Fernando Arrabal. Objetivo: explicarle la teoría y práctica del Testamento Vital. El tema de la muerte digna. Le entregamos un grueso dossier con multitud de datos y precedentes. Nos hemos ofrecido para ir al Parlament de Catalunya a explicar la asignatura a los señores diputados. Catalunya podría ser una adelantada (capdevantera) en la introducción de esta práctica. No supondría la legalización de la eutanasia, pero sí un paso en la buena dirección, la de respetar la voluntad de los enfermos (principio bioético de autonomía). Rius, un hombre amable que me ha causado buena impresión, se ha mostrado receptivo. Nombrará una comisión de estudio y mantendremos el contacto.

Página 42

30 de octubre

Me comunica mi hija Ana que mi hermano Raimundo ha tenido un ataque al corazón… La noticia no sé hasta qué punto me impresiona. Mi disconformidad, mi rechazo de la muerte sigue siendo altísimo… Que tremenda, absoluta humillación la muerte. Qué extraño, incluso estrambótico proceso: mis padres, mis hermanos, yo mismo, los hijos, los nietos. Unos ya se  esfumaron, ahora toca a quien toca.

Página 119

28 de noviembre

Hablé en Manresa, tema eutanasia, sala repleta, mesa redonda: un juez, un cura, el médico y yo. El cura era el capuchino Jordi Llimona, buen amigo, que comulga con mis tesis sobre eutanasia y no oculta sus discrepancias con el Vaticano.

Página 126 y 127

29 de diciembre

Hemos ido esta mañana a ver a José Luis Díez Ripollés, catedrático de derecho penal en Málaga… Queríamos que nos explicara qué puede ocurrirle a la persona que ayude a morir a Ramón San Pedro, el tetrapléjico gallego que lucha por el derecho a la eutanasia asesorado por la DMD. Nuevo Código Penal en mano, Ripollés aconseja que se diseñe la cosa para que resulte un caso de “cooperación” al suicidio, y no de autoría de la muerte. En cuyo caso, presumiblemente, la persona en cuestión no tendría ni que ingresar en prisión.

Y yo cavilo que si la justicia española pudiera aproximarse a la Common law anglosajona (más basada en la jurisprudencia que en las leyes), si tuviese la posibilidad de ser más creativa, de generar jurisprudencia nueva a través de sentencias judiciales, otro gallo nos cantara. (Tal vez convendría recuperar el sentido originario del término jurisprudencia, de cuando el derecho era antes un arte que una ciencia, era una técnica –ars- basada en la prudencia.) Las lagunas y contradicciones del artículo 143 del Código Penal, por ejemplo, configuran un amplio espacio donde la ética y la ley no van siempre de la mano. No sólo esto. El citado artículo se enfrenta con varios valores de la Constitución española. Citemos la dignidad de las personas, el libre desarrollo de la personalidad, la prohibición de la tortura, entre otros. La libertad es un valor superior del ordenamiento jurídico, y el juez debería comprender que la vida impuesta contra la voluntad de un paciente es una decisión anticonstitucional que sólo obedece al monopolio de una ética religiosa que contradice la aconfesionalidad del Estado. La vida es un derecho, pero no es un deber. Hay que llevar hasta las últimas consecuencias el principio de la disponibilidad de la propia vida. Hay que ayudar a morir incluso al enfermo crónico en situación irreversible, aunque no estrictamente terminal, cuando éste decide que su vida ha perdido toda dignidad. Que es el caso de Ramón Sampedro. Derecho a la vida y derecho a la autodeterminación puede articularse.

Página 137 y 138

Año 1997

12 de marzo

Hablo en el Hospital de San Pablo, tema eutanasia.

Comienzo recordando los principios de la ética médica: beneficencia, no-maleficencia, autonomía, justicia. Estos principios pueden entrar en conflicto, y establecer una jerarquía entre ellos es difícil. Pero ¿qué no es difícil? Aquella idea supuestamente progresista de que las cosas iban a ser cada vez más fáciles es falsa. Las cosas son cada vez más complejas e inciertas, y su tratamiento requiere cada vez más “arte”. En todo caso, hay consenso en abandonar el viejo paternalismo médico.

A continuación explico mi posición personal sobre el tema eutanasia.

Decía Arthur Koestler que la “eutanasia”, como la obstetricia, es una manera de superar un hándicap biológico”. Yo añadiría que la eutanasia voluntaria –y subráyese lo de voluntaria- es, ante todo, un derecho humano. Un derecho humano de la primera generación de derechos humanos, un derecho de libertad. Un derecho que se inscribe en el contexto de una sociedad laica y pluralista, en la que se respetan las distintas opciones personales, y en la que no se cree ya que el sufrimiento innecesario tenga ningún sentido.

El tema no es nuevo. (L dignidad del suicidio racional ya fue proclamada por estoicos y epicúreos, y por personajes tan ilustres y dispares como Sófocles, Séneca, Marco Aurelio, Tomas Moro, Montaigne, Hume, etc.). Lo nuevo es hoy un amplio clamor social, resultado de una mayor conciencia de los derechos del enfermo, de un envejecimiento de la población, y de que la misma medicina es capaz de prolongar la vida humana en condiciones muy poco humanas. Lo nuevo es que va aumentando la conciencia de que es un verdadero escándalo que nuestra civilización se niegue todavía a proporcionar los medios, precisamente civilizados, para evitar los estados de indignidad y tortura.

Alegan algunos detractores del derecho a la eutanasia voluntaria que con los adelantos de la medicina paliativa y del tratamiento del dolor el problema ya está resuelto. A esto hay que contestar que, en primer lugar, bienvenida sea la medicina paliativa y el tratamiento del dolor, pero… la última palabra y la última voluntad le corresponde siempre al enfermo. La vida no es un valor absoluto, la vida debe ligarse con calidad de vida, y cuando esta calidad se degrada más allá de ciertos límites, uno tiene derecho a dimitir. Además, la experiencia y las estadísticas confirman que, en las peticiones de auto liberación, tanto o más que el dolor físico cuenta el sentimiento de que uno ha perdido la dignidad humana.

Kant definía la dignidad (Würde) como “aquello que se encuentra por encima de todo precio”. La dignidad es un valor incondicional, un valor socialmente reconocido pero que se concreta individualmente. Sólo uno mismo puede determinar si su propia existencia tiene o ha dejado de tener dignidad. Por otra parte, cuidados paliativos y eutanasia no sólo se oponen sino que son complementarios. No debe haber eutanasia sin previos cuidados paliativos, ni cuidados paliativos sin posibilidad de eutanasia. Más aún, si el enfermo supiese que tiene siempre abierta la posibilidad de salirse voluntariamente de la vida, las peticiones de eutanasia disminuirían. Porque esta “puerta abierta” produciría un paradójico efecto tranquilizador: uno sabría que, al llegar a ciertos extremos, el horror puede detenerse.

En fin, quienes defendemos el derecho a morir con dignidad pensamos que el debate sobre la eutanasia ha alcanzado ya un punto irreversible de esclarecimiento y madurez. Pensamos que es hora de abordar este problema, ya que resulta notoria la pasividad que ha habido en torno al mismo. Ello es que al cabo de doscientos años de luchas sociales, luchas por la emancipación de las clases trabajadoras, derechos de la mujer, Tercer Mundo, pueblos de color, niños, homosexuales, etcétera, el tema de la muerte digna permanece inauditamente congelado. Entre otras razones porque la muerte ha sido, ciertamente, un tema tabú, y porque los moribundos no van a votar. Pero ha llegado la hora de levantar el tabú de la muerte y afrontar con lucidez la finitud humana. Ha llegado la hora de que los médicos se conciencien, las leyes se pongan a punto, y se conceda al ser humano la plena posesión de su destino.

Páginas 158, 159 y 160.

2 de abril

Acabo de mandar a los medios una carta de la cual extraigo los siguientes párrafos.

El Parlament de Catalunya, en un gesto insólito, ha convocado a la asociación que yo presido (Asociación Derecho a Morir Dignamente, DMD) a exponer sus actividades y objetivos, de cara a una posible incorporación de los mismos a las actividades parlamentarias. Concretamente, el próximo 4 de abril, a las doce de la mañana, compareceré ante la Comisión de Justicia del citado Parlament. Me acompañará también la vicepresidenta de DMD, Juana Teresa Betancor, y el reconocido jurista Joan Josep Queralt.

El objetivo que perseguimos es que Catalunya sea la adelantada, dentro del Estado español, en aprobar alguna proposición que desarrolle y regule el ejercicio del derecho a una muerte digna.

Nuestra asociación expuso ya ante el conceller de Sanitat de la Generalitat de Catalunya, señor Rius, la necesidad del uso generalizado del Testamento Vital. Sabemos que en el Parlament existen varias iniciativas encaminadas al mismo fin. Parece, pues, que también los políticos han empezado a comprender que los deseos de control del final de la propia vida coinciden con la necesidad de establecer unas regulaciones que den seguridad jurídica a los enfermos y al personal sanitario.

Página 168

4 de abril

La sesión del Parlament de Catalunya ha ido de perillas, el clima era propicio, el reparto de papeles entre los asistentes ha funcionado perfectamente. Al llegar yo, los reporteros han disparado todas sus cámaras, o sea que la prensa ha respondido, veremos lo que cuentan mañana. Esta tarde, en las noticias de Catalunya Informació ya han recogido el acto, y han mencionado mi observación de que el 50 por ciento de los asociados a las asociaciones pro muerte digna, en Europa, son católicos. Católicos no vaticanistas. Los convocados éramos la DMD y el señor Lluís Monset, presidente de la comisión de bioética. Presidía la comisión de justicia Roc Fuentes… Por parte de DMD concurríamos JTB, el catedrático de derecho penal Joan Josep Queralt y yo mismo…

JTB después de la sesión parlamentaria: “Tendrías que haber visto cómo te escuchaba la gente; eres toda una institución en Cataluña”

Páginas 168 y 169

Páginas 168 y 169

6 de abril

Días de primavera, alergia y polen. Pasó ya la resaca de mi visita al Parlament. “Te hemos visto por la tele.” Reseñas y fotos en la prensa. Bien; eso fue ayer, hoy está todo olvidado. La prensa diaria es el registro puntual de lo que habrá que olvidar al día siguiente. Hoy la noticia es el fallecimiento de Allen Ginsberg, uno de los últimos supervivientes de la beat generation.

Página 169

11 de abril

Insisto: la angustia por la muerte es el síntoma de una enfermedad específica, la enfermedad del ego. Unamuno reclamaba que la aventura humana fuera algo más que “una procesión de fantasmas que van de la nada a la nada”. Unamuno tenía un ego desmesurado, y la muerte le parecía un atropello intolerable. Yo comencé filosofando –siendo todavía un adolescente- desde el ego y desde el pensamiento puro, percibiendo la diversidad del mundo como un escándalo, y la muerte como una estafa. …

En el ámbito animal o vegetal, la muerte es un fenómeno remotamente natural. Para el hombre, en cambio, y ya desde las primeras culturas arcaicas, la muerte es interpretada como un acontecimiento decididamente contra natura. Nuestro actual tipo de conciencia egoica (la que nos aísla del cosmos y hace alborear el espíritu) debió de surgir allá por la época del hombre de Neanderthal, y con ella los exorcismos de la muerte: ritos, funerales, enterramientos, culto, religiones… En su primitiva inconciencia, el género Homo balbucea una sabiduría cuasi platónica: el espíritu, tan penosamente alcanzado a lo largo de más de dos millones de años –Homo hábilis, erectus, neanderthalensis, sapiens-, no puede morir. A partir de ahí el Homo symbolicus se convierte en Homo religosus. Funciona el imaginario. Como apunta Eliade, es probable que ya el Homo hábilis haya tenido una cierta vivencia de la trascendencia contemplando la bóveda celeste. Una revolución en el interior de Homo. El insólito descubrimiento –el espíritu- genera una cultura sui géneris. Conocer el motivo de la muerte será entonces la manera humana de “recuperar el equilibrio”. ¿Qué procede hoy? Lo he apuntado antes, procede recuperar la animalidad de la muerte, su carácter natural. (Montaigne: “Si no sabéis morir, no os importe, la naturaleza os informará en el momento preciso”.) Alan Wats decía que al morir regresamos al lugar del que salimos al nacer. Porque la identidad del ser humano real no está en el ego sino en la totalidad de lo que existe (la totalidad del cosmos, si queréis). Así que hay un problema en la muerte, ero ese problema lo es, ante todo, para el ego. (Curiosamente, eso ya lo advirtió Schopenhauer.) Y el desequilibrio del ego requiere hoy una terapia que ya no puede ser la mítica, sino la mística retroprogresiva: de un lado la recuperación de la animalidad, de otro lado el acceso al “más allá del ego” que predican las filosofías transpersonales.

Norman Brown estima que el germen primario de toda represión es la ansiedad del ser humano ante su propia desaparición. El devenir de esta ansiedad se llama “historia”, es decir, el empeño por llenar el tiempo con obras que desafíen a la muerte. Vida y muerte, explica Brown, se hallan unidas a nivel orgánico –la muerte es parte de la vida-, pero el ser humano las disocia. Toda cultura humana es patológica en la medida en que reprime la muerte. Pues bien, como he dicho, cabe asumir la muerte sin reprimirla. Cabe una metamotivación desde más allá del ego. Cabe hacer las cosas por sí mismas, por placer inmanente de hacerlas. Cabe la espontaneidad taoísta.

Páginas 172, 173, 174

11 de mayo

Para un público compuesto exclusivamente de médicos, he dado una conferencia en Palamós sobre “Bioética y medicina”. Durante el coloquio han surgido temas varios, como el de los comités de ética en los hospitales, las cuestiones del aborto, racismo, eutanasia, feminismo, ecología. Un médico (minoritario) insiste en que la eutanasia es equivalente a un homicidio. Le digo que confundir la eutanasia con el homicidio es como confundir el acto de amor con la violación. Hay que atender cada caso individualmente. La renuncia a un principio absoluto de moralidad conduce a que más que de ética aplicada cabe hablar de casuística moderna. Hay problemas que exigen soluciones que no son evidentes. Cuando hay un conflicto entre los principios de bioética, procede deliberar democráticamente y buscar un equilibrio de los valores en conflicto. Un equilibrio relativo, tratando de salvar lo que se pueda de cada valor enfrentado. Sabiduría práctica, algo emparentado con lo que Aristóteles llamaba phrónesis, y que Cicerón tradujo por prudencia. Por otra parte, existe tanto una bioética como un bioderecho (tan recurrido por los defensores a ultranza del derecho a la vida); pero, como ha explicado Diego Gracia, el bioderecho sin la bioética es ciego. En todo caso, la bioética es un estudio interdisciplinar suscitado por los mismos avances de las tecnologías biomédicas, y con una base más empírica que doctrinal.

Página 175 y 176

23 de mayo

Envío una carta de enhorabuena a Miguel Trías Fargas; porque la Corte Constitucional de Colombia ha fallado a favor de la eutanasia voluntaria, y Miguel es mi colega en la DMD de allí. No tengo ánimo para mucho más. El dolor de lumbago me crucifica. Pero en público mantengo el tipo.

Página 182

4 de junio

El animalito herido y condenado me mira con ojos sabios e inocentes. Ella sabe muy bien lo que ocurre. Se evade. En su conciencia, no quiere saber. No quiere saber precisamente porque sabe. Pues bien, eso se lo vamos a organizar lo mejor que sepamos. “Eso” significa un buen ambiente que incluya, ay, la risa y el humor.

O sea, que aquí se trata de cambiar de onda. Aquí se trata de convivir con la propia muerte. ¿Cuántos años me quedan a mí? Presumiblemente, tampoco demasiados. ¿Y a mi hermano Rai? Quizá menos aún. Se trata de vivir al día, el regalo de cada día…

¿Mañana? Mañana, Dios dirá. ¿Dios? Me gustaría que existiese. Algo infinito que no inspire miedo. Poco que ver con el camelo teológico de las iglesias. Pero no sé. Tampoco sé.

Páginas 189 y 190

11 de diciembre

Mesa redonda, hace unos días, organizada por la DMD, con participación de Manolo Vázquez, Juan Betancor, el abogado Queralt, el doctor Gregorich y yo mismo. La sala del Institut de la Joventut de bote en bote. Manolo estuvo atinado, Betancor didáctica, los demás, correctos. Yo tracé una panorámica general y hablé del derecho del paciente terminal a no ser del todo informado, es decir, a recibir el grado de verdad que desea recibir.

Página 221

Año 1998

12 de enero

Se ha suicidado al fin Ramón Sampedro, el tetrapléjico gallego que tanto luchó por el derecho a la eutanasia voluntaria. JTB y yo hemos redactado un manifiesto, en nombre de la DMD, para los medios de comunicación, aunque de momento lo mantengamos en reserva, a la espera de acontecimientos (sobre todo, la actitud del juez instructor del caso).

Hoy no han parado de sonar los teléfonos, querían declaraciones mías sobre esa muerte de Sampedro. He atendido las mínimas. El asunto es sórdido, Creo que el juez –que es jueza- y la Guardia Civil están interrogando son contemplaciones a las personas que presuntamente le ayudaron a maorí. Presumiblemente, pues, que algún día nos llamen a nosotros.

Página 225

13 de enero

Prosiguió hoy el bombardeo de llamadas por parte de los medios: atendí unas, desatendí otras. Tocante al aspecto legal, se trata ahora de que Miguel Bajo, el famoso abogado penalista (con quien hemos contactado), se haga cargo de defender a cualquier persona que parezca acusada de haber colaborado en el suicidio de Sampedro. En la asociación Derecho a Morir Dignamente. DMD, estamos recibiendo innumerables firmas de autoinculpación de personas individuales e institucionales que se adhieren a la recogida iniciada por amigos de Ramon Sampedro bajo el lema “YO TAMBIÉN AYUDÉ A MORIR A RAMÓN SAMPEDRO”. Con todo, pienso que la asociación, indirectamente implicada, debería quedar al margen. A ese respecto hemos creado un pequeño comité de cuatro personas (Gené Gordó, Aurora Bau, JTB y yo mismo) para ir tomando decisiones. Ello es que está por medio el testamento hológrafo que Ramón nos entregó. Miguel Bajo aconseja que el testamento hológrafo llegue lo antes posible al juez que ha abierto el procedimiento en Galicia.

A mí me pilla todo esto en fase ligeramente “depre”. Hablé con Ramón por teléfono la víspera de su muerte y me sorprendió la portentosa serenidad con que enfocaba su próximo final. Lo tenía todo bien pensado. Le aconsejé que diese órdenes de que incinerasen su cuerpo para que no quedasen huellas del cianuro. Una extraña, casi surrealista conversación. Hablábamos de su muerte como si fuese un asunto de trámite normal. Pero era un asunto, ya lo dije, sórdido, triste y fantasmagórico. En fin, la Justicia es también, a lo mío. Y lo mío es, ahora, no distraerme demasiado, no dejarme contaminar. Mañana, de nuevo comparecencia en la tele y en la radio.

Página 225 y 226

14 de enero

En el programa radiofónica Protagonistas, de Luis del Olmo, me enfrentaron con un médico/bioético de la Universidad de Navarra, sin duda del Opus, y la sesión resultó bastante movida; creo que conseguí desenmascarar los condicionamientos re liosos de mi contrincante. Estuve, incluso, vagamente populista al pedir a la sociedad un actitud de compasión y comprensión ante casos como de Ramón Sampedro.

Igualmente he defendido la causa por Radio Nacional, programa de Nieves Herrero. Allí también Luis Carandell, cordial conmigo. Y un cura parapléjico del Opus completamente ideologizado.

Ahora bien, sigue en mí la fatiga por el tema; declino escribir artículos que me piden; ayer me dejé grabar para Barcelona TV, pero hoy ya no para TV3.

Hemos enviado a la jueza Luisa Pérez Rúa, de Galicia, el testamento hológrafo de RS.

Telefonea JTB. Propone un cambio en el enfoque eutanasia activa/pasiva, una distinción ya sobrepasada que debe sustituirse por otra más genérica. Además, con las curas paliativas, concienciación de los médicos, etcétera, sólo se está ayudando a un tipo de enfermos a bien morir: los terminales. Pero hay otra categoría de enfermos a los que no se contempla: los crónicos. Que era el caso de Ramón Sampedro. Suena algo nerviosa y acelerada la voz de JTB. Está involucrada en el tema. Menciona las declaraciones de algunos políticos, “todos con más miedo que vergüenza”. También me reprocha una cierta mezcla de pasividad y frialdad en el caso de RS.

-¿En qué te basas para decir esto? –pregunto

-En que eres un hombre transparente, y se te nota –responde JTB-. Y espero que no la pierdas, esa trasparencia, porque es uno de tus encantos, uno de tus appeals, y creo que no soy la primera mujer que te lo dice.

Lo que JTB no sabe o no calibra es que yo voy siendo cada vez más animal de invernadero, que mi resistencia al estrés es bajísima, que mi fatiga permanece.

A pesar de lo cual he pulido un manifiesto, en nombre de la DMD, y lo he mandado a los medios. He aquí su párrafo final:

“Durante años la DMD ha prestado asesoramiento jurídico al señor Sampedro en su larga lucha ante los tribunales por reconocimiento de sus derechos. Pedimos ahora, desde la fuerza de los derechos establecidos en nuestra Constitución –la libertad, la dignidad, la intimidad, la manifestación autónoma de la personalidad-, que la larga lucha heroica de Ramón Sampedro no tenga que repetirse. Pedimos un amplio debate nacional para que, de una vez, quienes así lo deseen puedan sin temor ser dueños de su último destino.

Página 226, 227 y 228.

Año 1998

18 de enero

Desde que hace ya casi una semana se suicidó Ramón Sampedro, los acontecimientos, la presión de los medios, mi indignación y mi fatiga, mi enojo contra los integristas, mi disgusto por la actuación de algunos socios de la DMD, todo me ha dejado en un estado de genuina saturación.

Entrevistas en la prensa, artículos para los medios, apariciones en televisión, polémicas por la radio, declaraciones y desmentidos. Ayer noche tuve nuevamente una intervención en el programa televisivo Informe Semanal. Hoy, domingo, todos los periódicos vuelven a explicar la historia del caso de Sampedro, y hay artículos míos en algunos. Declaraciones en otros. Lluis Permayer dice que he sido el pionero de la causa de la eutanasia en España, y que esto me honra. Gracias, Lluís. Máximo me dedica su viñeta en El país. Gracias, Máximo.

Página 228

4 de febrero

Texto del testamento de Ramón Sampedro, que ayer mandé a El País, y que hoy reproducen íntegramente:

Sres. Jueces, Autoridades Políticas y Religiosas:

Después de las imágenes que acaban de ver (en vídeo), a una persona cuidando de un cuerpo atrofiado y deformado –el mío- yo les pregunto: ¿qué significa para Vds. la dignidad? Sea cual sea la respuesta de vuestras conciencias, para mí la dignidad no es esto. ¡Esto no es vivir dignamente!

Yo, igual que algunos jueces, la mayoría de las personas que aman la vida y la libertad, pienso que vivir es un derecho, no una obligación. Sin embargo he sido obligado a soportar esta penosa situación durante 29 años, cuatro meses y algunos días.

¡Me niego a continuar haciéndolo por más tiempo!

Aquellos de vosotros que os preguntéis: ¿por qué morirme ahora –y de este modo- si es igual de ilegal que hace 29 años?

Entre otras razones, porque hace 29 años la libertad que hoy demando no cabía en la ley. Hoy sí. Y es por tanto vuestra desidia la que me obliga a hacer lo que estoy haciendo.

I

Van a cumplirse cinco años que –en mi demanda judicial- les hice la siguiente pregunta: ¿debe ser castigada la persona que ayude en mi eutanasia?

Según la Constitución española –y sin ser un experto en temas jurídicos- categóricamente NO.

Pero el Tribunal competente –es decir, el Constitucional- se niega a responder. Los políticos –legisladores- responden indirectamente haciendo una chapuza jurídica en la reforma del Código Penal. Y los religiosos dan gracias a Dios porque así sea.

Esto no es autoridad ética o moral. Esto es chulería política, paternalismo intolerante y fanatismo religioso.

II

Yo acudí a la justicia con el fin de que mis actos no tuviesen consecuencias penales para nadie. Llevo esperando cinco. Y como tanta desidia me parece una burla, de decidido poner fin a todo esto de la forma que considero más digna, humana y racional.

Como pueden ver, a mi lado tengo un vaso de agua conteniendo una dosis de cianuro de potasio. Cuando la beba habré renunciado –voluntariamente- a la propiedad más legitima y privada que poseo; es decir, mi cuerpo. También me habré liberado de una humillante esclavitud: la tetraplejia.

A este acto de libertad –con ayuda- le llaman Vd. Cooperación en un suicidio, o suicidio asistido.

Sin embargo yo lo considero ayuda necesaria –y humana- para ser dueño y soberano de lo único que el ser humano puede llamar realmente “mío”, es decir, el cuerpo y lo que con él es –o está- la vida y su conciencia.

III

Pueden Vds. castigar a ese prójimo que me ha amado y fue coherente con ese amor; es decir, amándome como a sí mismo. Claro que para ello tuvo que vencer el terror psicológico a vuestra venganza; ése es todo su delito. Además de aceptar el deber moral de hacer lo que debe, es decir, lo que menos le interesa y más le duele.

Sí, pueden castigar, pero Vds. saben que es una simple venganza… legal pero no legítima. Vda. Saben que es una injusticia, ya que no les cabe la menor duda de que el único responsable de mis actos soy yo, y solamente yo.

Pero, si a pesar de mis razones deciden ejemplarizar con el castigo atemorizador, yo les aconsejo –y ruego- que hagan lo justo: córtenle al cooperador /a los brazos y las piernas porque eso fue lo que de su persona he necesitado. La conciencia fue mía. Por tanto, míos han sido el acto y la intención de los hechos.

IV

Sres. Jueces, negar la propiedad privada de nuestro propio sr es la más grande delas mentiras culturales. Para una cultura que sacraliza la propiedad privada de las cosas –entre ellas la tierra y el agua- es una aberración negar la propiedad más privada de todas, nuestra Patria y Reino personal. Nuestro cuerpo, vida y conciencia. Nuestro Universo.

Sres. Jueces, Autoridades Política y Religiosas:

No es que mi conciencia se halle atrapada en la deformidad de mi cuerpo atrofiado e insensible, sino en la deformidad, atrofia e insensibilidad de vuestras conciencias.

Páginas 230, 231, 232 y 233

17 de febrero

Por la mañana estuve en el Parlament de Catalunya. Representantes de todos los partidos me entregaron las firmas de setenta y un diputados (mayoría absoluta) solidarizándose con el suicidio de Ramón Sampedro. Gran abundancia de medios de comunicación. Doy una rueda de prensa. Sale todo como estaba previsto, o sea, bien. En todos los telediarios del mediodía dan amplia noticia del acto. Yo explico, aprovechando el acto, lo del vídeo de la muerte de Sampedro, que lo hemos reenviado a la jueza de Galicia, que es un documento impresionante, que causa indignación que un hombre tan lúcido, civilizado y legalista como RS haya tenido que morir solo, clandestinamente y sufriendo.

Páginas 236 y 237

1 de marzo

Ayer recibí grandes elogios por la transcripción que hizo El País de mi debate con el padre Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal, tema eutanasia. Debate moderado por Gabriela Cañas.

Página 237

5 de marzo

La manera como Antena 3 ha tratado el tema del vídeo del suicidio de Ramón Sampedro me lleva a pensar que, finalmente, su exhibición no nos perjudica. No se hará telebasura con este testimonio. Dicen que no han pagado ni un céntimo por su obtención (¿lo sustrajeron del juzgado de Galicia? Nosotros no lo entregamos a ningún medio, a pesar de que ofertas millonarias no nos faltaron). Tratan de respetar la voluntad de RS. Admiten y fomentan el debate nacional sobre la eutanasia. Hoy en toda España no se hablaba de otra cosa que del famoso vídeo donde está filmada de RS, y que lo pasaron ayer por Antena 3, en las noticias de las nueve y en las de medianoche.

Hoy no pararon de acosarme los medios. Hablé para Telecinco, para Efe/TV, para Antena 3, para radios, periódicos, para agencias de prensa. El resultado es que se ha enderezado el asunto, que la posición de DMD queda ahora clara, y que estamos consiguiendo una inmensa publicidad para la causa sin necesidad de habernos ensuciado con ningún trasiego forzado.

Ha sido un proceso largo y penoso desde que en 1993 iniciamos la lucha de Ramón Sampedro en un juzgado de Barcelona, encargándose del caso el abogado Jorge Arroyo, socio de DMD. Denegaron la primera petición alegando defectos formales. El recurso a la audiencia Provincial también fue desestimado. Y lo mismo ocurrió en la Audiencia de La Coruña, en el tribunal constitucional y en el de Derechos Humanos de Estrasburgo. Entretanto Ramón se fue convirtiendo en un personaje famoso, al que visitaban en su casa periodistas de todo el mundo. A todos asombraba por su entereza y lucidez. Tuvimos finalmente una serena reunión en la que quedó acordada su última decisión. Ahora no creo que vaya nadie a la cárcel por haber ayudado al suicidio de Ramón Sampedro. La presión mediática, el ambiente social, la campaña de autoinculpación, la labor de Miguel Bajo, la misma ley penal de 1995, todo ha contribuido a que no llegue la sangre al río. El senado está a punto de constituir una comisión especial de estudio sobre la eutanasia. Pero la mayoría del Partido Popular hace concebir pocas esperanzas.

Páginas 236 y 237

18 de diciembre

El sr que más he querido en este mundo ya no está.

Desde hoy al mediodía ya no está.

Quizá otro día cuente todo lo ocurrido hasta llegar al limpio desenlace, hoy no puedo decir más. Limpio desenlace: qué bien te he comprendido hasta el último momento, hijita mía que ya no estás.

Página 266

20 de diciembre

Y ahora queda pendiente mi “homenaje” a Mónica, mi fidelidad a su legado, tal vez los cabos que ella ha estado atando. Había pensado en la dedicatoria de un libro: “A mi hija Mónica, que ya no está”. Tendría que comenzar explicando algo de lo que para mí ha supuesto la muerte de Mónica. Precisamente su legado. Mi discreto testimonio intelectual…

Porque, si no hago eso, si no le levanto un discreto monumento a Mónica, ¿qué otra cosa podría hacer en esta vida?

Página 272 y 273

Año 1999

18 de enero

Hoy hace un mes que murió Mónica. Hoy la vida sigue esfumada. Me abandono a lo que hay, y lo que hay es ausencia. Me volví prácticamente ateo, ya lo dije, y reconozco que eso también es triste. Mis mitos se volvieron inanes. ¿La mística? La mística es una locura de buena calidad, quizá la única salida, pero salida hacia ninguna parte.

Página 306

31 de julio

Por la mañana, debate en la Cadena Ser sobre eutanasia. Yo expongo mis puntos de vista y me apoyan Eduardo Haro y Andrés Trapiello. Solo Isabel Estapé da la nota discordante. Porque hay maneras y maneras de discrepar. La Estapé, hija de mi amigo Fabián, pertenece (creo) al Opus Dei (lo mismo que su marido, el psiquiatra Enrique Rojas), y se me antoja un espécimen notable de cerrazón, piel dura y agresividad innecesaria. Habla como quien muerde. Eduardo Haro, una vez más confirma que es una bellísima persona. Escribiendo puede ser duro e intransigente, pero hablando es suave, tolerante e, incluso, conciliador. Conmigo ha estado amable; ha dicho: “Salvador tiene una sabiduría muy antigua”. Trapiello ha rebatido impecablemente a la Estapé. Dice que él, personalmente, se siente lejos del suicidio, pero que respeta a los suicidas, y que la decisión sobre la propia muerte es un derecho humano fundamental.

Páginas 321 y 322

18 de diciembre

Hoy un año de la muerte de Mónica. (…)

La muerte de Mónica fue un absoluto que irrumpió en mi vida. Escribí: “Ya nada volverá a ser como antes”. No creo haber traicionado estas palabras. Diría más bien que he repartido mi existencia en dos departamentos paralelos, el discurrir normal de los días y un trasfondo de exasperación.

Bien mirado, la muerte de Mónica rompió este diario. Quiero decir que la muerte de una hija es un acontecimiento tan excesivo que, en cierto modo, no cabe en un diario. Literariamente, es un exceso de asunto. Lo propio de un diario es que nunca pase gran cosa… pero Mónica murió y yo me enfrenté a la catástrofe, y escribí lo que escribí.

Página 340

31 de diciembre

En fin, estoy bien aquí, solo, distante y sosegado, dejando vagar el pensamiento, en una mañana soleada de diciembre. Final de año, pero no final de siglo ni, por tanto, de milenio. El inocuo convencionalismo del calendario enloqueciendo a las gentes. Mi hija Mónica ya no está. Yo sigo provisionalmente vivo.

Página 344

 

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