Diario del anciano averiado

Año 2000

26 de abril

Hoy se debatía en el Parlament de Catalunya, y se votaba luego de forma secreta, la despenalización de la eutanasia, a propuesta de Esquerra Republicana. Se ha perdido por dos votos de diferencia. Me llama Joan Ridao (de ERC) para referirme los detalles. Por la mañana han venido a filmarme de Antena-3, Canal Plus y TV-3, justo cuando ya se sabía que habíamos perdido. Les he dicho que, a pesar de los pesares, “es un buen síntoma que los políticos, además de temas económicos, debatan temas de derechos fundamentales de la persona, como es este de la eutanasia voluntaria”. Temas, por cierto, que deberían votarse siempre en conciencia, y no por disciplina de partido.

Página 23

26 de septiembre

Presentación de mi libro en el hotel Ritz de Madrid. Habla Jose Antonio Marina. Extracto de su discurso:

Hay tres tipos de diario según la diferente dosificación de tres elementos: los aspectos sociales, los aspectos privados (lo que ocurre de puertas adentro), los aspectos íntimos (lo que ocurre de la piel para adentro). En este momento en que predomina una concupiscencia de lo privado”, una especie de mentalidad de ojo de la cerradura, en que lo que importa es mirar la privacidad del otro, aunque sea para ver cómo se mete el dedo en la nariz, creo que hay que reivindicar los diarios más íntimos, que muestran, o al menos a mí eso es lo que me interesa, cómo ha enfrentado una persona es acontecimiento tan complicado que es vivir. Hay diarios que son una agenda y otros que se acercan más a la novela”. Les propongo que lean Cuaderno amarillo como una novela con cláusula de verdad. Es la historia de un hombre culto, maduro, coqueto, un poco narcisista, preocupado por la religión y el sexo, que comienza una relación amorosa. Y hay algo más. Es un personaje que se siente posmoderno. Por la fragmentación, por el hibridismo, y por una idea del yo como ensemble flou.

Páginas 40, 41 y 42

14 de octubre

Releo la vejez de Simone de Beauvoir… el libro es de 1970 (ella tendría entonces sesenta y dos años) y es cierto que la vejez se ha retasado mucho desde aquella época. Con todo, se trata de un ensayo que conserva cierta actualidad. Lo extraño es que no se menciones nunca la eutanasia como respuesta libre frente a la decrepitud.

Página 52

7 de noviembre

En el pasado me bloqueaba la muerte. Al no tener digerida la muerte –o interpretada, o situada dentro de un esquema general de las cosas- se producía como un efecto de demora, casi de obturación, en todo lo demás. Era como si me dijera a mí mismo: estoy aquí, he de morir, y no tengo intelectualmente resuelto el asunto, lo cual es como caminar con un inmenso cabo suelto pendiente de solución o, más bien, de decisión.

Mi crisis de 1962, aparte de neurológica, fue una crisis de muerte. ¿Por qué tomarse la molestia de escribir o de actuar si uno va a quedar engullido por la nada? Una respuesta posible es la siguiente: porque quien escribe e, actúa, crea o, en general, se interesa por las cosas –olvidándose de sí mismo-, no es uno sino lo absoluto que le posee a uno. Un planeamiento que tampoco se alcanza en un instante. En mi caso, me sometí a una nueva iniciación cultural. Lo he contado con algún detalle en Cuaderno amarillo, entrada del 11 de abril de 1993. Me influyó el taoísmo. Me enteré de que, desde hacía tres mil años, Oriente había generado una tecnología espiritual para enfrentarse al sufrimiento y a la muerte. Fui asumiendo las filosofías de la no-dualidad. Descubrí la retroprogresión. Advertí que había unanimidad en muchos sabios. Nisargadatta Maharaj: morir antes de morir es la mejor manera de perder el miedo. Alan Watts: liberarse del ego es sinónimo de aceptar la muerte. Teresa de Jesús, a sus hijas del Carmelo: “Si no os determináis a tragar de una vez la muerte y la falta de salud, nunca haréis nada”. Y así comencé a resolver lo del “asunto pendiente”, y se hizo más libre, y más amplia, mi apertura a la realidad.

Páginas 59 y 60

22 de noviembre

ETA asesina a Ernest Lluch. La noticia me afecta. Incluso, en la medida que soy capa de ello, me indigna. Lluch era un hombre dialogante, activo, inteligente, pugnaz, civilizado, buen polemista, el tono siempre sosegado, las ideas firmes. ETA lo asesina en un acto de perfecta irracionalidad: Lluch defendía, en contra incluso de la postura oficial de su partido, un acercamiento a los nacionalista vascos, la solución política al problema terrorista, la unidad de todos los demócratas, el diálogo… Lluch era un excelente conversador. Solíamos coincidir en las reuniones del Círculo de Economía. Recuerdo que últimamente él comentaba con alarma la baja productividad de España. A veces, en las susodichas reuniones, me pasaba discretamente notas manuscritas sobre temas afines al tema que se discutía. Sin ir más lejos, sobre la eutanasia y la ley de Sanidad por él creada. En fin, Lluch ha desaparecido escuetamente, irracionalmente, a los sesenta años de edad, en plena actividad, al regresar a su casa tras impartir su última lección como catedrático de historia de las doctrinas económicas. Lluch ha muerto.

Páginas 60 y 61

22 de diciembre

Semanas atrás aprobaron en Holanda una ley de eutanasia, y yo expuse (a los medios) que el suceso marcaba un punto de inflexión en el proceso del derecho a la muerte digna. Hoy me llegan noticias del Parlamento catalán que acaba de aprobar la Figuera legal del testamento vital, abriendo la puerta a la eutanasia (al menos pasiva) al dejar en manos del enfermo la decisión de no prolongar su vida con métodos artificiales. DMD ha jugado aquí un papel relevante.

Página 75

AÑO 2001

29 de mayo

El político Raimon Obiols –buena estatura, voz apagada, aspecto triste- nos va contando que el Parlamento Europeo –él es ahora eurodiputado- les sobra dinero, que su opinión de Romano Prodi es mediocre, que Javier Solanas tiene prestigio –es decir, un charmeur y un formidable trabajador-, en fin, que intentará ponerse en contacto con las personas que le hemos apuntado JTB y yo para constituir, en Europa, un lobby proeutanasia. “De todos modos -añadió- El Parlamento Europeo, que es progresista en cuestión de derechos humanos, es muy conservador en asuntos acotados como éste, de alcance bioético”.

Página 111

2 de agosto

Casi todo el mundo ha muerto. Escribió Bukoswski, no mucho antes de morir: “Yo llevo a la muerte en el bolsillo izquierdo; a veces la saco y hablo con ella”. Bukoswski alardea de estar preparado para morir. Lo cual era poco más que una frase. Nadie está preparado para morir. A menos que uno sea precisamente “nadie”.

Página 117

15 de agosto

Es la una y cuarto del mediodía, hoyes la Mare de Déu d’agost, ecuador de agosto y del verano… Apuntaba Bukoswski que a medida que iba acumulando años, iba mejorando la escritura. También yo tengo más oficio y perspectiva. O quizá no. Ayer pensaba que soy un viejo sin remedio; hoy pienso que solo comenzaré a ser viejo cuando cumpla ochenta, si es que llego a ellos. Cuando la muerte presione de vedad, si es que presiona. El verdadero arte, escribe Félix de Azúa, es siempre una negociación con la muerte. Puede decirse así. Puede decirse de otro modo. Otto Rank veía el are formando parte de los muchos sistemas de negación de la muerte. Negación, no negociación.

Página 121

6 de octubre

Madrid sigue sin sentarme bien. La altura, el clima demasiado seco o vaya usted a saber. Vine para participar en unas jornadas sobre derecha a morir dignamente organizadas por DMD. En el acto inaugural me acompañan en la mesa Cristina Alberdi, ex ministra del PSOE, un representante de Izquierda Unida y otro de los Verdes. Cristina, muy cariñosa conmigo, ha estado inteligente y didáctica en su parlamento. Los otros do, sencillamente correctos. Yo he trazado un esquema histórico de la lucha en España por el derecho a la eutanasia y el testamento vital.

Juan G. Bedoya reproduce todo esto muy bien en El País.

Página 128 y 129

20 de octubre

Hemos celebrado en Barcelona el Congreso de la Federación Mundial de Asociaciones Pro Derecho a Morir Dignamente (World Federation of Right-to-Die). El acto central –excelentemente organizado por Juana Teresa Betancor, alma del encuentro- se ha celebrado en el Palau de la Virreina, cuya sala ha resultado insuficiente para acoger a la cantidad de gente que ha asistido. Buena sintonía con Michael Irving, exdirector sanitario de Naciones Unidas, Richard MacDonals, médico y fundador del programa Caring Friends, Jaqueline Herremans, abogada y vocal de la Comisión de bioética belga, Aycke Smook, médico holandés. Hoy los medios de comunicación se han ocupado ampliamente del encuentro, destacando que la Federación Mundial agrupa unos setecientos mil afiliados en treinta países.

Página 131 y 132

AÑO 2002

18 de enero

Ha muerto Camilo José Cela…

Conocí a Cela allá por el otoño de 1968. Era un hombre corpulento que pesaría quizás unos cien kilos. Fumaba tabaco negro, Ideales. Tenía la cara grande, estirada, cara de ninot de falla, cara de risa, de perplejidad y de rey godo. En aquella ocasión Cela me dijo que a él la idea de la muerte, que tanto preocupa a los españoles, no le inquietaba nada.

-¿Y no le temes a la pérdida de facultades que llega con los años? –le pregunté.

-Nada. Se debe estar en cada edad con arreglo a cada edad.

-¿Qué puede hacer un hombre enfermo?

-Cuando yo estaba enfermo, leía.

-¿Y un hombre que esté tan enfermo que pueda ni leer?

-Entonces que se muera, coño.

Pues eso, que ahora Cela se ha muerto. Cela ha abdicado de su voluntad de vivir, y no puede negarse que su trayecto por este mundo ha sido exitoso.

Páginas 140 y 141

1 de marzo

Hoy cumplo setenta y cinco años, la edad que tenía mi madre cuando murió. Llamaron esta mañana para felicitarme… setenta y cinco años digo.  Mayor cercanía del final. Escribe Luis Racionero, en relación a este asunto, que su creencia “es que los átomos del cuerpo (después de la muerte) se liberan, con lo que pueden incorporarse a otros seres vivos o inanimados y que el alma se pierde en el océano de la conciencia, ese gran programa que está en el éter y del cual reciben sus imágenes esos pequeños televisores que llamamos cerebro”.

Demasiado inteligible, ¿no les parece?

Prefiero a Garcia Lorca: “Si muero, dejad el balcón abierto”.

Páginas 151 y 152

22 de mayo

Juana Teresa Betancor ha estado en Toulouse con sus colegas de la DMD francesa, los cuales la ha puesto al día sobre los sistemas actuales para la “autoliberación”.

-Espero que haya tomado buena nota de todo –le digo-, porque éste es un asunto que quisiera tener bien resuelto.

Quiere decirse que si, a mi edad, uno tiene siempre a mano la posibilidad del suicidio racional, uno vive mucho más tranquilo.

Página 160

30 de noviembre

Anoche cenamos, JX y yo, en un restaurante que se ha puesto de moda, el Café de la Princesa, cerca del Museo Picasso. A mí me duraba el malhumor y el cansancio producidos por una enojosa reunión en DMD. (Hay tensiones en DMD, pero yo procuro mantenerme en mi papel de presidente neutral au dessus de la mêlé). Además, los restaurantes siguen sin resolver el problema acústico, imposible hablar con tu pareja si no alzas mucho la voz.

Página 204

8 de diciembre

“La muerte –escribe Bukowski- no me preocupa; es la última broma de una serie de bromas pesadas. La muerte no es un problema para los muertos. La muerte es otra película, no hay por qué preocuparse” (Shakespeare nunca lo hizo). Pero ya digo que a Bukowski no le preocupa la muerte porque está volcado en su escritura. Y eso de que “la muerte es otra película” tiene sabor inesperadamente hindú.

Página 210

22 de diciembre

Hablo por teléfono con Rosa, mi cocinera, para darle el pésame por el fallecimiento repentino de su padre. Le pregunto si su padre tuvo un ataque de corazón. Rosa se echa a llorar. “Nada de eso –responde-: se tiró por una ventana.” Tenía ochenta y dos años, estaba perdiendo facultades, rechazó la decrepitud y obró en consecuencia.

La muerte, pues, sigue rondando; la muerte que tantas veces asoma en este dietario. Se van a cumplir veinticinco años de la desaparición de Charlot. Escribe Carlos Saura: “Como todos los ancianos, Charlie Chaplin, en los últimos años de su vida, estaba obsesionado con la idea de la muerte”. Bien. La vejez simplifica algunas cosas. De pronto sólo hay un tema dominante: desalojar el absurdo final. Vivir este final sin miedo. Y, llegado el caso, autoliberarse, como la madre de Lionel Jospin, que eligió “dejar la vida con serenidad”.

(…)

La muerte sigue rondando, decía. Los amigos siguen cayendo. Conozco las diversas respuestas culturales para amortiguar tan descomunal agravio. En casi todas las tradiciones se mezclan la desolación y la terapia. El nihilismo y la respuesta. Y que no me digan, por ejemplo, que en la Biblia no hay nihilismo. “Et laudavi magis mortuos quam viventes, et feliciorem utroque iudicavi qui necdum natus est.” Y alabé a los muertos más que a los vivientes, y tuve por más feliz que unos y otros al que no ha nacido todavía. Bien es verdad que esto se escribió en el Eclesiastés (4,2-3), un libro extraordinario que contradice al resto de la biblia, un libro que es un gran precedente de las filosofías del absurdo. Pero otro día hablaré con más extensión de todo eso, del miedo, la cultura, el exorcismo.

Páginas 218 y 219

AÑO 2003

1 de enero

Yo digo que la vejez es una devastación pero, que, con un poco de suerte, la senectud puede ser recapituladora, sabia. Yo persigo un enfoque musical de este asunto, la senectud como allegro ma non tanto, remate airosos de la sonata de la propia vida. Sin excluir las inevitables disonancias.

Sin excluir los acodes del suicidio racional si las cosas vienen mal dadas.

(…)

Quiere decirse que lo sabio es que cada cual –si puede- invente su finale, ensaye un ejercicio de recapitulación. He tomado ejemplos de grandes músicos, pero podría haber recurrido a otros ámbitos. Freud y Jung, en su madurez, abandonan el interés por la psicoterapia para ocuparse de las puras ideas sobre la condición humana. También era una manera de recapitular.

Páginas 223 y 224

4 de febrero

En una de las entradas más suculentas de Variaciones 95 (la del 20 de febrero) tengo escrito que el miedo a la muerte genera la ilusión del tiempo. En otras palabras, que no es que se tema a la muerte porque se es temporal, sino que se es temporal porque se teme a la muerte. Abolido el miedo a la muerte, cabe “dejarse ir” y abandonarse a la realidad de cada instante. Ya no te consume la ansiedad, ya eres libre para hacer lo que te plazca, incluso para recibir a un periodista.

Página 233

9 de febrero

El señor Federico Trillo, ministro de Defensa del gobierno Aznar y miembro del Opus Dei, declara que las opiniones del Papa en contra de la guerra de Irak “no constituyen materia de fe, y, por tanto, no son vinculantes para los católicos”. Añade que “personalmente, como católico, no me causa ningún problema de conciencia”. O sea que ahora ya sabemos que el señor Trillo no tiene “ningún problema de conciencia en matar a miles de iraquíes “preventivamente”. Naturalmente, el señor Trillo está en contra de que un enfermo terminal pida la eutanasia; se conoce que eso sí es materia de fe.

Página 235

24 de febrero

Carta de Pepe Corredor Matheos citando a Plinio: “Consideramos que la vida humana no es tan deseable que haya de ser prolongada por cualquier medio (…); de todos los dones que la naturaleza concedió al hombre no hay ninguno mejor que una buena muerte oportuna, y en ella lo mejor es que cada uno pueda proporcionársela a sí mismo” (Historia natural, libro XXVIII, II.9).

Agradezco, Pepe, tu erudita información sobre la muerte digna. Ya puestos en ello, te recuerdo que, dos mil años antes de Plinio y dentro de la misma línea, apareció en Egipto un impresionante texto titulado La disputa sobre el suicidio. (También conocido como Diálogo de un hombre cansado de la vida con su alma.) Lo cito en mi inédita Genealogía de la lucidez.

Página 239

Un matrimonio inglés ha ido a Suiza (Dignitas) a suicidarse. Llaman de la radio y de las agencias de noticias. Insisto en mis declaraciones anteriores, cuando el caso de Diane Pretty. En España existe, desde finales del año pasado, una Ley de Autonomía del Paciente, cuya aplicación, me temo, es todavía insuficiente. En demasiadas ocasiones, morir sigue siendo un horror. O una lotería: todo depende de la enfermedad que sufras y del médico que te toque. El concepto de “calidad de muerte”, complementario del de “calidad de vida”, es nuevo en medicina. La sedación paliativa está en pañales. Los médicos temen que se confunda cuidados paliativos con eutanasia. La idea de que debe primar siempre la voluntad del paciente está poco extendida. Los fundamentalistas de Pro-Vida chillan mucho.

Página 252

23 de mayo

Vienen a casa, acompañados por GG, el director de cine Alejandro Amenábar, el productor y otros miembros del equipo… Vienen para comentar el guión de una próxima película sobre Ramón Sampedro, que habrá de titularse Mar adentro. El guión –que lo han escrito al alimón Alejandro Amenábar y Mateo Gil, y en el que ha participado también GG- me lo mandaron hace algún tiempo. Les digo que a mí el guión me ha gustado, ante todo porque es un homenaje real a la admirable figura de Sampedro. Lo más relevante, a mi juicio, es destacar que Sampedro fue, ante todo un espíritu libre, paradójicamente prisionero de un cuerpo enfermo, y un hombre sin miedo. Su decisión de morir no fue hija del miedo, sino de su lucidez y de su amor a la vida. Propiamente él no era un enfermo terminal sino un enfermo crónico. Algunos creen que el tema eutanasia se resuelve con cuidados paliativos y tratamiento del dolor. El caso Sampedro demuestra que eso no es cierto. Existe el sufrimiento psíquico y el sentido de la dignidad. Por esto –les digo a mis visitantes- considero importante que se mantenga, a lo largo de todo el filme, la tensión dialéctica entre una situación límite –la que vive Sampedro- y las situaciones triviales que componen su vida cotidiana; que aparezcan la hondura y el horror de esa situación límite a través de las situaciones triviales. Por esto, añado, será importante que la música, que podría ser música celta panteísta, mantenga constantemente esa referencia. Y vuelvo a insistir en que gran parte del atractivo y el carisma de Ramón Sampedro arranca de que era un hombre sin miedo, un hombre que había superado todo temor a la muerte. Ya decía Hegel que, en la dialéctica entre el amo y el esclavo, la superioridad recae en quien menos teme a la muerte. Pues bien, Ramón Sampedro sabía que optar libremente es optar sin miedo, y esta falta de miedo, esta milagrosa serenidad. Debería reflejarse permanente en el rostro del actor que interprete al enfermo. Esta falta de miedo, aquella sonrisa permanente de su rostro, era como un aura que rodeaba siempre a Ramón Sampedro. Y explica la desconfianza con que siempre fue visto por la Iglesia y el Estado. Un hombre genuinamente libre prefiere morir a perder la dignidad; en cambio, el esclavo antepone el seguir viviendo a toda otra cosa. De ahí la tendencia del poder público a que los ciudadanos sean como esclavos. A nada temen tanto los poderes constituidos como a los ciudadanos libres dispuestos a arriesgar su vida por alguna u otra razón.

En resumen, la dignidad vale más que la vida, y Ramón Sampedro viene a ser como un mártir laico que da testimonio de esta causa.

Páginas 266 y 267

19 de octubre

Ha fallecido Manuel Vázquez Montalbán, en el aeropuerto de Bangkok, de un infarto… Ha muerto demasiado pronto (tenía setenta y cuatro años), pero muy limpiamente, tras haber vivido y escrito con intensidad y dedicación. “Yo sólo soy un mecanógrafo”, me decía a veces, refiriéndose a las muchas horas que consumía frente a la máquina o al ordenador. Gran trabajador, en efecto; Manolo colabora en todas las causas progresistas, incluida la causa de la eutanasia. (…) Nos tratamos bastante en una época, aunque él siempre fue más amigo de Nuria Pompeia que mío. Y ahora ha muerto fulminantemente solo, en la literaria ciudad de Bangkok, lo cual tampoco es una mala manera de morir.

Página 307

15 de diciembre

Bien, creo ahora –once de la noche- que seguiré siendo presidente de la DMD, que seguiré amando a JX, que seguiré explorando el territorio GG, que seguiré con mis diarios, que reasumiré los leitmotiv de mi paideia

Página 337

AÑO 2004

3 de febrero

Me despierto una hora antes de lo acostumbrado a causa de la bronquitis. Me aclaro la garganta. Pongo la radio. Discuten sobre el tema Carod-Rovira y su encuentro con los de ETA. Voy a Numancia 117 y despacho con Agustín. Falleció el historiador José Luis Vila-Sanjuán, amigo y coetáneo: estuve en el tanatorio de las Corts para dar el pésame a su hijo Sergio.

El País da noticia de que un grupo de expertos en bioética pide una ley que regule la eutanasia. Entre los expertos, María Casado y yo mismo. María Casado es directora del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona. Lo que algunos exponemos es que la Constitución española proclama el derecho a la vida, pero también el derecho a la libertad individual, el derecho a la dignidad y al libre desarrollo de la personalidad, el derecho a no ser sometido a tratos inhumanos, y que resolver las supuesta antinomia entre derecho a la vida y derecho a la libertad no es tan difícil. Sobre todo teniendo en cuenta que la vida no es un valor absoluto.

Página 349 y 350

21 de julio

Fuimos a un pase privado –para amigos y gente del gremio- de la película Mar adentro, sobre la figura de Ramón Sampedro, dirigida por Alejandro Amenábar, interpretada por Javier Bardem. La película les ha salido redonda. La interpretación –de todos, no solo la de Bardem- es magnífica, la música –del propio Amenábar- está bien puesta, la historia –tan conocida- bien narrada; en fin, que el objetivo está cumplido y bien cumplido. Se lo dije a Fernando Bovaira, productor, quien parecía muy convencido de la calidad del filme. “Recibiréis premios”, añadí. “Eso, espero”, contestó Bovaira, productor. A Amenábar le predije lo mismo. Cuando terminó la exhibición el público aplaudió. Yo fui con JX. Saludamos a Jaime Camino, que también hizo comentarios elogiosos de la película. Por cierto, en los títulos de agradecimiento, al final del filme, Amenábar nos cita a Juana Teresa Betancor, a GG y a mí.

Página 368

4 de setiembre

Llama por teléfono Javier Bardem, el actor, para agradecerme el conjunto de mi obra –no especifica si se refiere a mis libros o a mi labor en DMD-, y preguntarme si me ha gustado la película Mar adentro. Le digo que la película me ha parecido extraordinaria y su actuación gloriosa.

Preestreno en Madrid de Mar adentro. La prensa tara declaraciones a la salida del cine. Copio de una gacetilla de El Mundo:

“La Asociación por el Derecho a Morir Dignamente (DMD) aparece en la propia película. Su presidente, Salvador Pániker, que pudo asistir el jueves al preestreno del filme, no dudó en alabarlo. Tampoco perdió la oportunidad de hacer un llamamiento a los representantes políticos para que tomen en serio el mensaje. Al mismo preestreno asistieron José Luís Rodríguez Zapatero y varios ministros socialistas, lo que Pániker consideró como un paso esperanzador: agradeció el apoyo institucional, pero también recordó que, al parecer la sociedad está mucho más madura que la clase política ya que las encuestas dicen que el 70 por ciento de los ciudadanos está a favor de la eutanasia activa, mientras que los políticos se han hecho los remolones”.

Página 379

7 de setiembre

Siguen sonando los teléfonos por el asunto Amenábar/eutanasia, que está cobrando una merecida dimensión internacional. Me entrevistan desde una radio de Argentina y otra de Canadá. Pero mi problema sigue siendo el de siempre, mi déficit de eso que los franceses llaman endurance, una mezcla de fuerza, resistencia y paciencia. En compensación, mantengo mi campo de conciencia estrecho, mi hábito de no dejar cabos sueltos y de no iniciar una nueva actividad sin haber despejado previamente la anterior…

Página 380

17 de setiembre

Pues estuvo en casa, esta mañana, el escritor Juan José Millas. Está preparando un reportaje sobre la muerte digna y desea información…

Millas quiere hacer un reportaje sobre algún enfermo de habla hispana que esté dispuesto a que le practiquen la eutanasia, por ejemplo en Suiza. “La idea de un viaje hacia la muerte posee una fuerte carga metafórica”, dice, y yo pienso: Vaya si la posee, casi excesiva. Explica Millás que él sería la sombra del enfermo durante todo el tiempo que durase el proceso, y que el texto no se publicaría hasta después de la muerte del sujeto. JTB, presente en la entrevista, informa a Millás de que es difícil, en estos momentos, encontrar un caso así, pero que trataremos de ayudarle en lo posible.

En fin. Admiro a Millás desde hace tiempo… Comprendo que esté interesado por el tema que hoy nos ha ocupado. Es un tema muy Millás, especialista en unir lo cotidiano con lo alucinatorio. Al fin y al cabo, la muerte es un suceso extraordinario que alcanza a todos los seres ordinarios. Sintonizo, pues, con Millás. Es un hombre que mantiene intacta su capacidad de asombro y, también, de indignación. (Le acompaño en lo primero, no tanto en lo segundo, y por esta razón él está, políticamente, un poco más a la izquierda que yo).

Páginas 382 y 383

7 de octubre

Decliné ir a Madrid, a un programa de televisión sobre eutanasia, una mesa redonda con un obispo y dos periodistas. Problemas de salud. Lo cual, en este caso, fue una lástima. Porque conviene plantar cara a esos prelados dogmáticos que alzan hoy mucho la vez con temas del aborto, células madre, eutanasia, enseñanza de la religión, matrimonio de homosexuales.

Página 386

14 de diciembre

Pues al fin me han hecho el anunciado homenaje, y el acto ha resultado muy satisfactorio, la sala del Colegio de periodistas llena a rebosar, multitud de fotógrafos al comenzar la sesión.

(…)

Beatriz de Moura centra su discurso en la tarea que he realizado al frente de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD). “Ciertas personas –dice Beatriz- surgen varias veces en la vida de una. Salvador se me apareció primero como editor; más adelante, como filósofo y memorialista; finalmente, como presidente de la DMD; siempre como un pensador pausado, ecuánime, atinado.” Recuerda Beatriz la época en que los de DMD nos reuníamos en el local de la editorial Tusquets, por entonces en la calle Iradier. Menciona el equipo eficaz y voluntarioso que me rodeaba, nuestra gran tarea para imponer el concepto de eutanasia como un derecho humano y un acto de libertad.

Página 403 y 404

31 de diciembre

Termina un año para mí más bien extraño… ¿Miedo a la muerte? Diría que estoy demasiado exasperado para tenerlo. Me amedranta la enfermedad, me trae sin cuidado la muerte. La muerte de la gente que quiero, eso sí puede afectarme. Pienso que si alguna vez doy estos apuntes a la imprenta, podría titularlo Diario de un anciano averiado. Aunque, bien mirado, tampoco está el anciano tan averiado como aquí se dice.

Páginas 416 y 417.

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